Los agujeros de un cometa, como nunca se habían visto
Durante la madrugada del martes, la nave Stardust se encontró con el cometa Tempel 1, una roca espacial de seis kilómetros de ancho, con el objetivo de recoger imágenes y datos que puedan ayudar a los investigadores a entender cómo se originó el Sistema Solar. El acercamiento fue todo un éxito, aunque no estuvo exento de peligros. A tan solo 181 kilómetros del cometa, Stardust fue ametrallada con una nube de escombros. A pesar de ello, consiguió tomar 72 fotografías que poco a poco fue enviando a la Tierra. Ayer ya pudimos ver algunas de ellas, hechas públicas por la NASA, pero estas son las más interesantes, las que permiten ver la roca como si la tuviéramos aquí al lado.
La mano del hombre
Los científicos estaban especialmente interesados por el aspecto del cráter que la nave Deep Impact dejó hace seis años sobre la superficie del cometa, un agujero que entonces no pudo verse porque el impacto originó una nube de polvo que lo impidió. Los científicos creen que, de alguna forma, el cráter ha cicatrizado. «Es tenue. Tiene unos 150 metros de ancho y un pequeño montículo central», explica Joe Verveka, de la Universidad de Cornell. La zona es especialmente frágil.
Las imágenes serán analizadas por científicos de todo el mundo para conocer más acerca de la formación de los cometas.


