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León hace ciencia con Eratóstenes

León hace ciencia con Eratóstenes
Dos mil escolares de doce centros emularon ayer el experimento de la medida del radio terrestre, del siglo III a. C., junto a otros 900 del sur de Europa en el Año de la Astronomía

Eratóstenes revivió ayer en la mente de miles de escolares que emularon el experimento con el que midió el radio terrestre hace 2.250 años en la mítica Alejandría. Más de dos mil estudiantes de León se sumaron a la iniciativa, convocada con motivo del Año Internacional de la Astronomía y que se desarrolló de manera simultánea en 900 centros educativos de España, Francia, Italia y Marruecos, una de docena de ellos en León.

La actividad requirió mucha paciencia, que por algo es la madre de la ciencia, pero los medios eran simples, baratos y manejables: un recogedor, un cronómetro, rotuladores, brújula y papel... y un poco de cinta aislante para pegarlo al suelo. Había que tomar las medidas de la sombra del gnomon (el recogedor) cada cinco minutos entre las 11.30 y las 14.00 horas para «hacer ciencia» con mayúsculas.

El sol, más que primaveral, puso todo de su parte para hubiera sombra, pero no dudas. El profesorado y los alumnos y las alumnas se ocuparon del resto, o sea, de anotar las medidas sobre el papel de estraza con precisión y dibujar el arco al final de la experiencia.

«Pretendemos que la medida de la Tierra sea la guinda de toda una serie de actividades educativas que se pueden realizar con algo tan simple como un gnomon», selaña Pere Closas, coordinador del proyecto desde Aster, la Agrupación Astronómica de Barcelona.

Con la experiencia colectiva de ayer se pretende determinar el radio terrestre a partir de los datos aportados desde la totalidad de los centros participantes «por ajuste de la recta de regresión», pero de manera aproximada debido a la simplicidad de los materiales utilizados.

Cuenta la historia que a Eratóstenes de Cirene, astrónomo y filósofo, le despertó la curiosidad algún texto leído en la legendaria biblioteca de Alejandría, donde ejerció como tercer bibliotecario. Supo que en Siene (Assuán, Egipto) el sol se reflejaba totalmente en las aguas de un profundo pozo sin dejar ninguna sombra al mediodía del solsticio de verano. Pero el griego observó que esto no ocurría en Alejandría, pese a estar casi en el mismo meridiano.

Partió de la hipótesis de que la Tierra era redonda -”cosa asumida en la Antigüedad, aunque luego fue desmentido por la jerarquía católica-” y de que el globo terraqueo estaba muy alejado del Sol. Y la hipótesis resultó ser «genial». Luego contrató a un hombre para medir la distancia entre Siene y Alejandría y concluyó que el radio terrestre medía 6.366 kilómetros. «Fue muy exacto pues las mediciones actuales dan una cifra de 6.378 kilómetros», subraya Concha Ruiz, jefa de estudios del IES García Bellido de Armunia (León), uno de los centros que realizó ayer el experimento.

Como actividad complementaria se propuso a los centros que realizaran el cálculo de Eratóstenes a partir de datos de dos observadores que se encuentren muy separados en dirección norte-sur, de modo que en una ciudad como Toledo, que está en el paralelo 40º norte podrán observar que la altura alcanzada por el sol es mayor que en León y que el momento del máximo, o sea el mediodía solar local, se produce más tarde en Toledo. Ayer en el IES García Bellido, uno de los doce participantes en León, el mediodía se produjo a las 13.15 horas.

Pero, ¿por qué calcular el radio terrestre como Eratóstenes hace 23 siglos si ya lo sabemos? El proyecto Medida del Radio de la Tierra lo explica: «El conocimiento científico que ha ido atesorando la humanidad a lo largo de los siglos está formado por conceptos, relaciones, leyes, valores de ciertas constantes que conjuntamente conforman el estado actual de cada ciencia, entre ellas, la Astronomía». No ha sido un proceso continuo ni rectilíneo, pero lo cierto es que «cada generación recibe este legado y debe transmitirlo a la generación siguiente mejorado y ampliado». Ayer León también hizo ciencia.