Novedades

Una charla para tender lazos entre la astronomía y la ciencia ficción

Una charla para tender lazos entre la astronomía y la ciencia ficción
El genial Arthur C. Clarke solía explicarlo bien: "La única opción de descubrir los límites de lo posible es adentrarse al terreno de lo imposible". Pero no fue el único. Mucho antes de que el escritor y científico inglés llegara a esta conclusión, incluso mucho antes de que él naciera, ya eran varios los que podían ver una frontera difusa entre la astronomía y la ciencia ficción. Ayer, en el marco del Año Internacional de la Astronomía lanzado el mes pasado en 136 países del globo, el Observatorio de la UNLP fue el escenario elegido para intentar explorar esa frontera y descubrir los puentes que unen a los universos ficticios de la ciencia ficción con los mundos reales pero a veces inciertos del campo científico.
Fue un encuentro que muchos esperaban. Había estudiantes de astronomía pero también amantes del género. Historias como las que alguna vez imaginaron Douglas Adams, Philip K. Dick, Bradbury o el propio Bioy Casares parecieron entrar en una rara y atemporal sintonía con los argumentos que el terreno astronómico tenía y tiene para ofrecer. Los disertantes fueron Luis Pestarini, editor de Cuasar -una de las revistas decanas de ciencia ficción-; el doctor en Física e investigador del Conicet Héctor Ranea Sandoval; y Sergio Gaut vel Hartman, escritor y editor argentino de ciencia ficción.

¿Pero cuáles son los puntos en común que hacen que esa frontera entre una y otra sea relativa y difusa? Acaso de una de las conclusiones que vieron luz ayer fue la referida al origen. El origen del conocimiento científico y el origen del descubrimiento imaginario. En uno y otro, bien explicó Ranea Sandoval, está en juego la necesidad de averiguar de qué se trata el universo.

Clic para ampliar"Es cierto que el científico necesita ser más analítico y procesar la información de una manera distinta a la del escritor -apuntó el investigador del Conicet-. Pero en el fondo el motivo que moviliza al escritor es el mismo que moviliza al astrónomo. Nos pasa cuando analizamos el mundo. ¿De qué estamos hechos? De elementos químicos. ¿Y de qué están hechos esos elementos químicos? De neutrones y protones. ¿Y de qué están hechos esos neutrones y protones? Lo desconocido puede ser inabarcable, y es ese desconocimiento lo que empuja a uno y otro a querer conocer. El astrónomo soñará con descubrir nuevos planetas. El escritor de ciencia ficción, soñará acaso con imaginarlos".

La conferencia de ayer no fue un encuentro casual. Se organizó como se dijo en el marco del Año Internacional de la Astronomía, una fecha lanzada por la Unión Astronómica Internacional mediante la cual se intenta, según sus impulsores locales, "estimular el interés científico, sobre todo entre los más jóvenes, quienes a veces no conocen del todo cómo se trabaja en astronomía y ciencia".

Por todo esto, el Observatorio Astronómico de La Plata será durante todo el 2009 sede de una importante variedad de eventos referidos al universo astronómico. En los últimos días, por ejemplo, se organizaron jornadas especiales de observación del planeta Saturno, mientras que en abril ya comenzaron a realizarse tallares de Astronomía para escuelas de bajos recursos de nuestra región y el mes que viene se esperan eventos especiales con la inclusión del Museo local.

"Con el año internacional de la Astronomía -señalaron desde el Observatorio- celebramos un momento trascendente: el primer uso astronómico del telescopio realizado por Galileo, hace ya 400 años. Este evento disparó una revolución científica que afectó profundamente nuestra forma de ver el mundo".

Es cierto: hace 400 años, el italiano Galileo Galilei apuntó por primera vez a los cielos para poder observar las estrellas gracias al recién inventado telescopio. Cada uno de los descubrimientos realizados por este astrónomo modificó sustancialmente el concepto y la posición del hombre en el universo, dando inicio a un mundo cultural, científico y tecnológico que se extiende hasta nuestros días. Acaso en ese gesto haya que encontrar no sólo uno de los orígenes del conocimiento astronómico, sino también, descubrimos ayer, el del universo único e impredecible de la ciencia ficción.