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GALILEO, el GPS Europeo pierde el rumbo

GALILEO, el GPS Europeo pierde el rumbo
Ingenieros tratan de recuperar dos satélites del ambicioso sistema europeo de navegación Galileo, competencia del estadounidense, lanzados a una órbita equivocada.

Los dos primeros satélites completamente operativos de la constelación Galileo, el sistema de navegación con el que Europa pretende abandonar la dependencia del GPS estadounidense a partir de 2020, se han convertido también en la primera gran decepción del ambicioso proyecto. Un fallo en el despegue, a bordo de un cohete ruso Soyuz desde la Guayana Francesa hace una semana, dejó los artefactos en una órbita equivocada, elíptica en vez de circular, hasta 9.800 km más baja. Un «circuito» espacial distinto al previsto y un auténtico quebradero de cabeza para la Agencia Espacial Europea (ESA) y para Arianespace, el consorcio encargado del lanzamiento.


Qué hacer con estos artefactos, decidir si pueden seguir siendo operativos o no para la misión o, en cambio, darles otro destino, es todavía una incertidumbre que no se resolverá, probablemente, hasta dentro de unos días. Un amplio plantel de ingenieros está dedicado a ello, barajando todas las opciones posibles. El resultado es de extrema importancia, primero porque pronto, en diciembre, está previsto el lanzamiento de otros dos satélites Galileo, y segundo porque un sistema que promete hacer sombra a cualquier otro en precisión y que se espera sea tremendamente rentable, no puede tener fisuras.

 

A la espera de conocer las primeras conclusiones de la comisión de investigación, parece que el fallo técnico se produjo durante la última fase del cohete, llamada Fregat (un sistema concebido por rusos y europeos), que sitúa los satélites en su lugar definitivo. El resultado fue que en vez de quedarse en una órbita nominal circular, con una inclinación de 56 grados en relación al ecuador, a una altitud de unos 23.600 km, las sondas fueron dejadas en una elíptica con una altitud máxima de 25.900 km y una mínima de 13.700 km, con una inclinación de unos 50 grados.

 

Un «empujón» a otra órbita

 

«Los dos satélites responden de una forma correcta, en un modo seguro de operaciones, con los paneles solares desplegados y generando electricidad», aclara Javier Ventura-Traveset, experto en navegación por satélite y portavoz de la ESA en España. Así lo confirmaron también los ingenieros del constructor principal, la industria OHB. Ese buen estado es esencial para poder recuperarlos. Una de las opciones que barajan los técnicos, según explica la agencia desde París, es moverlos a la órbita adecuada. Pero para el «empujón» haría falta consumir una buena parte de los 70 kilos de combustible que llevan a bordo, un gasto que reduciría la vida de la misión de los doce años años en los que está prevista a solamente uno o dos. La segunda supone dejar los artefactos donde están e intentar hacer alguna modificación desde la estación terrestre de seguimiento. En el peor de los escenarios, si nada funciona, «Doresa» y «Milena», como han sido bautizados, servirán para efectuar pruebas de órbita.

 

Jean-Yves Le Gall, representante francés en el proyecto y presidente del Centro Nacional de Estudios Espaciales (CNES) de Francia, comparte la perspectiva más pesimista. Ayer mismo confesaba a una revista gala: «No serán recuperables (los satélites) porque su órbita no es circular como debería haber sido y no podrán servir a la misión». Eso sí, aseguraba que las consecuencias del error serán «limitadas», aunque pueden provocar un retraso en los siguientes envíos de satélites.

 

La Agencia Espacial Europea prefiere mantenerse prudente, en espera. «Galileo es como un tren en marcha. Tenemos que parar en una estación que no teníamos prevista, pero estará terminado a tiempo», aseguran desde París. En su configuración final, la constelación Galileo constará de 30 satélites, con 24 operacionales y seis de reserva. Cuatro, de prueba, fueron lanzados al espacio sin problemas en 2011 y 2012. El quinto y el sexto eran los primeros FOC (Full Operational Capability) y a partir de 2015 se lanzarán entre seis y ocho por año.

 

Trabajo de riesgo

 

«La construcción de una constelación tan compleja implica un alto número de lanzamientos, con lo que estadísticamente las probabilidades de que alguno tenga problemas aumentan. El riesgo forma parte del trabajo», señala Ventura-Travesset. «El séptimo satélite de GPS (GPS SVN-7) se perdió por un problema en el lanzador Atlas y nadie pone en duda el éxito del sistema estadounidense. En julio de 2013, explotó un cohete Proton que llevaba a bordo tres satélites Glonass, y Glonass sigue siendo operacional», recuerda. «Al menos, nosotros no los hemos perdido y los tenemos bajo control».

 

El funcionamiento del sistema Galileo se basa en un procedimiento llamado triangulación que hace posible calcular con mucha exactitud cualquier posición sobre la superficie terrestre. Su disposición ayudará a los satélites, que contienen cuatro relojes atómicos exactísimos, a mantener la cobertura incluso en las grandes ciudades, donde los edificios pueden interrumpirla. En un servicio inicial, aunque también después, podrá ser utilizado de forma conjunta con el GPS y cuando todos los satélites estén operativos, -y en la órbita correcta-, será posible localizar cualquier posición con una precisión de un metro, mucho mayor que la del GPS.

 

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