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¿DE VERAS ESTAMOS SOLOS?

¿DE VERAS ESTAMOS SOLOS?
El cine, la radio y la televisión, cada cual en su momento, abordaron como tema central la interrogante y dejaron volar la imaginación alrededor de la posible existencia de otras formas de vida, incluso inteligentes, fuera de la Tierra.

Por: M. Ángel Córdova L.

 

Primero fue la simple observación del cielo; luego nació la Astronomía formal; más tarde, con el desarrollo de la ciencia y la tecnología, la naturaleza expansionista del ser humano se vio favorecida y surgió el deseo de conquistar el espacio. Pero este deseo no llegó solitario; vino acompañado de una pregunta crucial: "¿De veras estamos solos en el universo?"

Por supuesto, también surgieron los charlatanes y pseudocientíficos promotores de un fenómeno OVNI de bases fraudulentas, que han lucrado con la sed de conocimiento de la sociedad, y también -hay que decirlo claramente- con su ignorancia.

Afortunadamente, la ciencia se ha mostrado igualmente interesada en descubrir la verdadera naturaleza y condición del er humano en el espacio. Así, durante el último cuarto del siglo pasado, surgieron tres nuevas disciplinas científicas orientadas hacia la exploración de la vida en el universo: la Bioastronomía, la Exobiología y la Astrobiología.

La Bioastronomía se encarga de explorar las posibilidades de vida en el Universo. Su primer objetivo es investigar la existencia de planetas alrededor de otras estrellas fuera del Sistema Solar, con condiciones apropiadas para la vida.

La Exobiología, por su parte, es una rama de las ciencias biológicas que estudia el origen, la existencia y la evolución de los seres vivientes en el Universo, aparte de la Tierra.

Finalmente, la Astrobiología es una disciplina científica de la rama de las ciencias biológicas, que combina Astrofísica, Biología y Geología, principalmente, para el estudio de la existencia, origen, presencia e influencia de la vida en el Universo, incluyendo la Tierra.

De acuerdo con los especialistas de estas tres disciplinas, la diversidad de la materia viva en la Tierra sugiere que la forma de la posible vida extraterrestre debe ser también sumamente variada.

Su apariencia podría diferir notablemente de la biodiversidad que aquí nos rodea, según fueran las condiciones particulares del medio ambiente planetario en que se desarrollara. Sin embargo, en el nivel molecular, los científicos consideran que la constitución de la vida extraterrestre tendría que estar basada en la química orgánica y en la existencia de un medio acuoso, como ocurre en la Tierra.

El carbono es un elemento muy abundante en el universo, y la teoría se ha confirmado por la existencia de numerosos compuestos orgánicos en ambientes muy variados del cosmos. Baste citar como referencia la atmósfera de Titán (una de las más de 60 lunas de Saturno), blanco de la sonda Huygens (proyecto Cassini-Huygens), con su hasta ahora inexplicable alto contenido en metano.

Por otra parte, el hidrógeno es el elemento con mayor presencia en el universo, seguido del helio, que, prácticamente, no se combina con ningún otro, y del oxígeno, en tercer lugar.

Como es sabido, la molécula de agua está formada por dos átomos de hidrógeno y uno de oxígeno, por lo que es evidente que ésta es la unión más probable en el universo.

La búsqueda de vida extraterrestre ha dado pie a la creación de tres nuevas disciplinas científicas: Bioastronomía, Exobiología y Astrobiología.

En la última década se han encontrado pruebas que avalan la teoría, tales como la estrella descubierta a finales del año 2001, alrededor de la cual se detectó una inmensa nube de agua ("burbuja" la llamaron algunos), aunque, evidentemente, el fenómeno no debe imaginarse como una piscina gigante, pues cada molécula de agua puede estar separada de su vecina más cercana incluso un par de metros, por ejemplo.

Para tener una idea más clara, sería preciso "andar" cientos o miles de kilómetros (quizá a gran velocidad), para que una persona se diera cuenta que se está mojando. Aun así, en esa nube hay millones y millones de veces más agua que toda la que pueda encontrarse en la Tierra.

Esto hace pensar a mucha gente, y cada vez con más fuerza, que si el agua es tan común en el universo, quizá nuestro planeta no sea el único lugar agraciado con el don de la vida.

De hecho, los datos aportados por los robots Spirit y Opportunity desde el suelo de Marte, han revelado la existencia de abundantes cantidades de agua líquida en el planeta rojo durante algún momento lejano de su historia, lo cual abre la posibilidad de que hubiera existido allí alguna forma de vida.

Claro, no es el agua la única condición para el surgimiento de la vida; los científicos estiman también necesario que el mundo gire en torno a su estrella, a una distancia tal que su energía favorezca los procesos orgánicos y propicie una temperatura que haga posible la existencia del estado líquido del agua, necesario para el desarrollo de las reacciones químicas vitales.

Finalmente, para que las formas de vida puedan subsistir, es preciso contar con una atmósfera planetaria densa, que las proteja de las radiaciones ultravioleta y de los rayos cósmicos.

El universo es, probadamente, tan inmenso, que resulta ya imposible sostener la supuesta soledad del hombre en el espacio, sin pecar de necedad. Y quién sabe, tal vez antes de concluir el recién iniciado Siglo XXI, las religiones del mundo se vean, incluso, obligadas a cambiar su doctrina de privilegiado creacionismo divino.