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Mercurio: La Ninguneada Energía de un Gran Tabú.

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“Todo lo que se aprende en la escuela básica, el instituto o la Universidad, es ya caduco al momento en que recibimos nuestra certificación. Vivimos en un mundo tan aceleradamente cambiante que todo conocimiento se nos revela obsoleto o equivocado al poco tiempo de ser comunicado. Debemos cuanto antes educar para descubrir y aprender dinámicamente más que dogmatizar con formas muertas a nuestros jóvenes pues ésto, de persistir, tan solo nos llevará a crear aberraciones mentales o, cuanto mucho, al fatal estancamiento del intelecto humano.” (Max Planck -1926-) Parece mentira que hubiese pasado ya casi un siglo de oficial sordera a las palabras de una de las mentes más brillantes que nos ha dado la ciencia ¿no? Pues no, es lo que hacemos desde que llamamos mundo al mundo.
Alejandro Fau | Mercurio: La Ninguneada Energía de un Gran Tabú.

“Est in Mercurio quidquid quaerunt sapientes”
(Se halla en Mercurio aquello que buscan los sabios)
“Aurora Thesaurusque Philosophorum” (1577)

“Todo lo que se forja con fuego es Alquimia, no importa
si dentro del Matraz o en una olla de cocina”
Philippus de Hohenhein (Paracelso)
Mysterium Magnus - 1601


Tabú es aquello sobre lo cual no puede discutirse a riesgo de ser repudiado, muerto o expulsado por una sociedad. Hay tabúes grandes y pequeños, como grande o pequeñas son las sociedades a las que pertenecemos. Pareciera que hoy día no existen ya tabúes habida cuenta de todos los que hemos ido desterrando a lo largo de los siglos como cualquiera puede ver en las cada vez más desprejuiciadas actitudes que asumimos ante cualquier hecho en el día a día y públicamente, tan influidos e incitados por los medios de comunicación masiva como estamos; más eso sería, al menos, pecar de ingenuos. Hay tabúes en todas partes, en nuestras parejas, en nuestras familias, nuestros trabajos, ejércitos y religiones, e incluso en esta sociedad cívica y moderna en la que vivimos aunque ésta parezca ser tan liberal y abierta. No es tan fácil identificarlos, pues no hablamos de ellos aunque nuestra propia existencia y felicidad estén en riesgo por su causa. Lo que hace a un “tabú” es justamente eso, el que muchas veces siquiera pueda ser nombrado. Los hay muchos, pero el Tabú más firmemente establecido de todos los que conocemos es el que nos impide el saber quién o qué somos detrás de la máscara de ese ego aparentemente separado, aislado e independiente de los otros en el que hemos sido formados. Este tabú sustenta en el tiempo no solo nuestras religiones desde que el mundo es mundo, sino a la sociedad civil toda tal cual la conocemos. Desde el punto de vista astrológico quien sustenta la existencia de cualquier tabú es la energía de la Luna, pues es condición indispensable para su existencia el primario sentimiento de la pertenencia y el implícito temor de su desaparición, pues creemos ésto nos sumiría en una fatalista ilusión de desamparo. Esta energía, la de la Luna, permitió el desarrollo de nuestra psique colectiva hasta el punto en que nos encontramos hoy día, pero este estado de la psique colectiva actual se torna insostenible ya del mismo modo en que el útero desarrolla el feto hasta el punto extremo en donde solo cabe el nacimiento del bebé como una entidad ciertamente separada para evitar el colapso. Parece un proceso simple y natural en lo físico más no es así en el nivel psíquico, pues nos enfrentamos para completarlo con la resolución de una crucial paradoja: Volver a unir lo engañosamente separado para nacer hacia una verdadera diferenciación que nos reúna.

MercurioHabitualmente en la astrología moderna se da poca importancia a los asuntos referidos a Mercurio habida cuenta de la superficialidad en la que ha caído el estudio de ésta en el intento de masificarla y de llevarla así al gran público con el único fin de ganar dinero. Diremos que, paradójicamente, Mercurio “no vende”, y que en una cultura en donde si algo no produce un beneficio inmediato no sirve para nada, esto era de esperarse. La figura de Mercurio no es grata a la frivolidad imperante actualmente ya que, entre otras cosas, representa a la figura del discípulo, el aprendiz, el alumno (palabra latina cuyo significado es: sin luz, lo no iluminado), y nadie quiere ser tratado de aprendiz o de tener pocas luces, sino, cuanto menos, como un Gran Maestro/a aunque recién se inicie y como un ser altamente iluminado tan solo por el hecho de ocuparse del tema, con lo que se produce un inicial rechazo inconsciente por esta energía; rechazo que no es revertido jamás por quien mal lo instruye, por estar más ocupado en facturar que por ocuparse efectivamente en enseñarle algo. Así pues, Mercurio queda reducido tan solo a un tipo de curiosidad infantil que el individuo tiene por algunas cosas, a esa lúdica alegría adolescente que de tanto en tanto se le despliega como descarga de saturninas tensiones, o, en el mejor de los casos, en el cómo es su modalidad de pensamiento habitual (rígido y cristalizado si está en Capricornio, egoísta si está en Leo, inservible si está en Piscis... y demás absurdos reduccionismos por el estilo al que la masiva literatura astrológica actual nos tiene tan acostumbrados). Desde la más remota antigüedad la energía de Mercurio, su comprensión y efectivo empleo, revistió una crucial importancia en la vida y desarrollo del discípulo, pues sin ella cualquier cosa que se hiciera sería apenas poco más que inútil. A tal punto llega esta importancia que, según cuenta la alegórica tradición, fue creado para su estudio y desarrollo por el Gran Hermes el Regio Arte de la Alquimia. Conocimiento que aún permanece en la denominada Filosofía Hermética cuando ésta fue separada de la Química por los pragmáticos racionalistas del Siglo XVII y los iluministas del XVIII que intentaron sumirla en el olvido junto con el lenguaje astrológico que le da sentido, alegando que solo se trataba de una fantasía trasnochada que los antiguos tenían de fabricar oro partiendo de otro elemento más “barato”. Fue recién ya comenzado el Siglo XX que C. G. Jung la vuelve a tomar en serio investigando sobre la psicología profunda del individuo, al descubrir que la Alquimia en realidad trataba, de forma alegórica, de las posibilidades evolutivas de transformación de la psique humana y al modo de provocarla de manera consciente. Aplicó sus principios y produjo la primera gran revolución del mundo de la psicología, pero si bien, obviamente, se resaltó el monumental avance en la psicología, nuevamente dejó de hablarse de la alquimia.

FermiEn honor a la verdad debemos decir también que no es ninguna fantasía trasnochada la trasmutación de un elemento de la materia en otro, tal como los alquimistas sostienen desde antiguo. Si puede realizarse en el sutil plano de la psique también debe poder darse en cualquier otro plano de la existencia, como bien razonaban ellos, ya que el procedimiento trata de una dinámica multidimensional y holográfica, tal el lenguaje que se emplea para demostrarla. Y para realizar dicha transmutación es esencial utilizar, como también ya decían ellos, un tipo particular de Mercurio. Recordemos aquí que entre las energías planetarias personales (las únicas al alcance de nuestra capacidad humana) y su división entre positivas y negativas (o entre Masculinas y Femeninas), Mercurio es la única energía que es Neutra (o andrógina); y que, obviamente, en el Siglo XVII quienes terminaron de erradicar a la Alquimia y la Astrología de los claustros universitarios siquiera soñaban con los nombres, y mucho menos con los conocimientos, de lo que hoy llamamos Astrofísica y Física Nuclear. Dicha transmutación de los elementos sucede de manera natural, con el concurso de cantidades enormes de energía, en el interior de las Estrellas; y artificialmente en el seno de nuestros ya familiares Reactores Nucleares. La primer prueba científica del primer caso la aportó Hans Bethe, de la Universidad de Cornell, en 1939 al demostrar el modo en que el Hidrógeno es transmutado en Helio dentro del Sol; posteriores sucesos y demostraciones dieron como resultado que ya en 1957 se aceptara definitivamente, aunque a regañadientes, el que la materia evoluciona. No se utiliza aquí el término transmuta debido a la rigidez del pensamiento profundamente clerical y Darwinista que aún hoy domina e impera en los círculos académicos. La demostración de que podía lograrse la transmutación artificialmente, paradójicamente, fue anterior. Podríamos afirmar sin temor de faltar a la verdad que el primer Alquimista que debió ser reconocido como tal, si no fuera por lo que acabo de explicar sobre la mentalidad en la ciencia moderna, fue Enrico Fermi, quien en 1934 logró la primera transmutación “oficial”. ¿y cómo lo hizo? Pues disparando neutrones al núcleo de los átomos de los diferentes elementos, logrando así transmutarlos en otros. Dos años antes James Chadwick había demostrado que los núcleos atómicos estaban formados no solo de protones (partículas de carga positiva) sino también de neutrones (partículas de carga neutra, ergo, un tipo de “Mercurio”), con la única salvedad del Hidrógeno cuyo núcleo solo consta de un protón, razón por la cual aún debió esperarse a que Bethe pudiera explicar cómo se lograba hacerlo con él. Hoy estamos construyendo en primer reactor que funcionará con el mismo principio que el Sol para producir energía limpia, pero ninguno jamás habló o reconoció sobre que los antiguos alquimistas tenían razón. Para los poderes instituidos de la sociedad en que vivimos es mejor no hablar de ciertas cosas, porque para ellos las cosas, pues, se pondrían muy feas.

Nueva CienciaPero volvamos al tema de Mercurio, la Alquimia y la Astrología para la intelectualidad moderna. Muchos académicos que se tienen por ello como muy sabios han visto libros sobre Alquimia y opinaron que son tan absurdos y contradictorios que nada útil puede extraerse de allí, y que por lo tanto hablar de un Arte o Ciencia de la Alquimia es ridículo, ya que es algo que no existe. Lo mismo dirían frente a un original del poeta Tsung Xia y de la poesía asiática del Siglo III a.C. con tal de no reconocer que desconocen todo lo relacionado, y aún la existencia, del lenguaje Chino. Esto presenta una doble dificultad en lo práctico para ellos si quisieran subsanar su error. La primera es que no puede leerse correctamente un tratado sobre Alquimia sin saber lo suficiente de Astrología; y la segunda, pues, es que no puede aprenderse la Astrología leyendo tratados sobre ella. “El Secreto se protege a si mismo” es un antiquísimo principio Hermético, y ésto que digo tiene mucho que ver con ello. No hay mejor escondite para el mayor secreto existente que exponerlo ante los ojos de todos. Paradojas, retruécanos y adivinanzas son parte del discurso habitual que habla Mercurio, sobre todo si se habla de aquello que no puede ser nombrado más que figurativamente y tan solo con aproximaciones. Más que nunca aquí el mapa no es el territorio y el territorio es intangible, aunque sea tan real como el beso que el Sol le arrebata a la flor antes que llegue la noche. Quizá, cuando dejen ya de mirar solo su ombligo descubran que el universo es más grande de lo que alguna vez soñaron, o, tal vez, no quieran afrontar de nuevo la vergüenza infantil de su ignorancia evitándose el trabajo de aprender y, quizá, de madurar alguna vez. Cuando a mitad del Siglo XVII se encontraron las primeras tablillas escritas en sumerio sus brillantes mentes las catalogaron como una imperfecta muestra del arte decorativo de unas tribus que eran algo así como parientes pobres de los Egipcios. Cuando a inicios del Siglo XX pudieron leerse de corrido, descubrieron que esos “paupérrimos ignorantes” sabían que la Tierra giraba en torno al Sol de manera muy exacta y precisa, de la precesión equinoccial bastante exacta y del ciclo del Sistema Solar en torno de la Galaxia con bastante aproximación, cinco mil años antes de que ellos mismos aceptaran que la Tierra no era el centro del Universo. Así es que hasta hoy no dejan de machacarnos con los Egipcios y la gloria de sus tesoros cuando tienen ocasión, mientras que siguen metiendo a los Sumerios bien debajo de la alfombra. Aunque tampoco hablan nada de la abundante literatura Alquímica que los constructores de pirámides también nos han dejado.


“Quemadmodum in Sole ambulantis corpus continuo sequitur umbra... sic hermaphroditus noster Adamicus quamvis in forma masculi appareat, semper tamen in corpore occultatam Evam sive foeminam suam secum circumfert.”
(En la misma forma que la sombra sigue al que marcha al Sol... así nuestro hermafrodita adanístico, aunque su figura tiene aspecto masculino, lleva en él a la Eva o mujer escondida en su cuerpo.)

Tractatus aureus - IV, folio 41-7b – Basilea, Siglo X


HermafroditaHemos ya hecho referencia a la figura del hermafrodita anteriormente, al referirnos a un arquetipo de Mercurio con referencia a lo neutro, sin carga eléctrica, que define al Neutrón en la Física de partículas y su manifestación en la materia. No podemos dejar de mencionar entonces a este simbolismo, tan profusamente citado en la literatura alquímica, y su profundo impacto al actuar como integrador de la psique individual que perseguía el adepto en la consecución de la obra. Así a la luz de los estudios llevados a cabo por C. G. Jung sobre las figuras arquetípicas del ánima y el animus como la compensación de la propia naturaleza física en lo psíquico masculino y femenino respectivamente, la cita anterior adquiere un nuevo significado. Constituye el primer paso a la comprensión Alquímica de la conjunctio divinae, la syzygia, dando como resultado lo que se conoce como Homo Adamicus -lo que si bien se nos presenta con forma masculina, lleva oculto dentro de sí a la Eva primordial-, una imagen de la psique equilibrada y perfectamente integrada esencial para que emerja la sustancia pura de lo que se nombra, aún en el claro aunque arcaico lenguaje alquímico de Von Donher en el Siglo XII, el verum cogitae (verdadero pensamiento), Mercurio alquímico indispensable para lograr la Lapis philosophorum (piedra filosofal), imagen psicológica jungiana del Sí-mismo. Mercurio es la ligazón primaria, el espacio, el vínculo, el puente y la articulación entre las partes. Aquello que al separar nos permite la comprensión. Pues como reza al inicio la famosa Tabula Smeralgdina, atribuida por su antigüedad al mismísimo Hermes Trimegisto: “Para la comprensión del Todo has de primero separar para luego volver a unir, pues lo mismo es arriba que abajo, y juntos el milagro de lo que en verdad es”. Pese a lo claro que a cualquier iniciado pueda resultar ésto, algunos profanos no aciertan nunca a entender cuando se les habla de un modo tan sintético. Así que para terminar, y a modo de explicación, les dejo un breve cuento infantil  llamado “Lo que es” y que he traducido libremente para ustedes (ejercicio mercuriano si los hay) de un original inglés del lúcido y pícaro Alan Watts:

Tiempo“No hubo nunca un momento en que el tiempo comenzara, pues va en redondo como un círculo, y en un círculo no existe el lugar donde la línea comienza. Mira el reloj que nos dice la hora: gira, y así mismo gira el mundo, repitiéndose una y otra vez. Así como la manecilla del reloj sube hasta doce y baja hasta seis, se suceden la noche y el día, el sueño y la vigilia, la vida y la muerte, el verano y el invierno. No puedes tener ninguna de estas cosas sin la otra, porque no podrías saber lo que es negro si no lo hubieses visto junto al blanco. Del mismo modo, hay veces en que el mundo es, y otras en que no es, pues si el mundo fuera sin descanso, por siempre jamás, se cansaría horriblemente de sí mismo. Va y viene, viene y va. Ahora lo ves; ahora no lo ves. De ese modo no se cansa de sí mismo, y regresa siempre después de desaparecer. Es como tu aliento, que entra y sale, entra y sale, y que si tratas de retenerlo al poco rato te sientes mal. Es también parecido al juego del escondite, porque resulta siempre divertido encontrar nuevos escondites, y buscar a una persona que no se esconde cada vez en el mismo lugar. A él le encanta jugar al escondite; pero como no hay nada fuera de él, no se tiene más que a sí mismo para jugar. Esta dificultad la supera simulando que él no es él. Esta es su manera de esconderse de sí mismo; simula que eres tú, y yo, y toda la gente del mundo, y todos los animales y las plantas, las piedras y todas las estrellas. De este modo le ocurren aventuras extrañas y maravillosas, algunas de las cuales son terroríficas. Pero estas últimas son simplemente como malos sueños que desaparecen cuando él se despierta. Ahora bien, cuando él juega al escondite y pretende ser tú y yo, lo hace tan bien que le lleva mucho tiempo recordar cuándo y cómo se inventó a sí mismo. Pero esa es justamente la gracia del juego, y eso es lo que él quería conseguir. No quiere encontrarse a sí mismo demasiado pronto porque eso estropearía el juego. Por eso es tan difícil para ti y para mí darnos cuenta de que somos él disfrazado y oculto. Pero cuando el juego se ha prolongado el tiempo suficiente, todos nosotros despertamos, o dejamos de simular, y recordamos que no somos más que el único Sí-mismo que es todo lo que es y que vive por siempre jamás. Por supuesto debes recordar que él no tiene forma de persona, no. La gente tiene piel, y siempre hay algo fuera de nuestra piel. Si no lo hubiera, sería imposible saber la diferencia entre lo que está dentro y lo que está fuera de nuestro cuerpo. Pero él no tiene piel ni forma, porque no hay nada fuera de él. Su interior y exterior son la misma cosa. Él no es un hombre ni una mujer, aunque he estado hablando de "él" y no de ella. No digo "ello" porque siempre nos referimos así a las cosas que no están vivas, y él es pura vida. Podrías preguntarte por qué él, a veces, se oculta bajo la forma de gente horrible, o simula ser personas que sufren enfermedades y dolores. Primeramente debes recordar que él no hace esto más que a sí mismo, y que también en todos los cuentos que valen la pena debe haber tanto personajes buenos como malos, pues la emoción de la historia consiste en enterarse de cómo los buenos finalmente logran salir con bien de su encuentro con los malos. Es como cuando jugamos a los naipes. Al principio los revolvemos todos en un montón, lo cual es similar a cómo se dan las cosas buenas y malas en este mundo; pero el objeto del juego es poner la mezcla en un orden y el que mejor lo hace es el ganador. Luego volvemos a mezclar y a jugar sin importar si ganamos o perdemos, y así también ocurre con el mundo...”

3 Comentarios

marta (16.Ene.2012 @ 17:26 gmt) dijo,
Esto de mezclar todo, ese momento de la mezcla. Lo veo a Mercurio retrógrado en Piscis mezclando y revolviendo, para que comience el juego otra vez cuando se pone directo. Tal vez cuando se pone estacionario directo en Piscis es el momento de repartir el nuevo juego. Un juego que dura 4 años. ¿Cuándo se puso retrógrado y directo en Piscis por última vez?
viviana (18.Ene.2012 @ 07:27 gmt) dijo,
Muy bueno, felicitaciones. Justamente tengo a Mercurio en Piscis, en casa doce; soy Piscis y está mi Sol en conjunción con él. Tanto de esto que leí me identifica "el secreto en el secreto" "todo lo de afuera está adentro, hay afuera y no hay, porque todo está adentro" "lo que está disfrazado y que a su vez es!" y ahora ya me perdí porque no me acuerdo de nada pero no importa porque está todo dentro de mi y en cualquier momento vuelvo a a todo lo que es.
Alejandro Fau (20.Ene.2012 @ 23:30 gmt) dijo,
Hola Marta!

La última vez que mercurio se puso retrógrado en Piscis fue el 14 de Febrero de 2007 :)