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Astrología: Un invento llamado Navidad.

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A nadie le es ajeno que la religión, cualquiera sea, es el arma de dominación popular por excelencia, pues a partir de ella todo adquiere la legitimación necesaria para que cualquier cosa sea impuesta por la cúpula de la jerarquía de cualquier gobierno. Todas las religiones están sustentadas por aquellas cosas que sucedían en el mundo y que en su momento escapaban a la comprensión humana por lo que eran achacadas a un inescrutable designio divino. Las religiones tradicionales, en el sentido de su prolongado sostenimiento a lo largo del tiempo, se sustentan en esa primitiva ignorancia aunque hoy día comprendamos racionalmente los fenómenos que les dieron origen, pero que siguen sosteniéndose por el poder real y mundano que ostentan las estructuras de dominación y que fueron construidas por los hombres en torno a ellas con un artero andamiaje de mentiras que los ingenuos, aún, creen como si esta fuese la suprema verdad.
Alejandro Fau | Astrología: Un invento llamado Navidad.

"Nada hay más aterrador que la verdad."

Albert Einstein

 

Desde hace por lo menos seis mil años antes de que a alguien se le ocurriera inventar a Jesús el Cristo ya se festejaba la Navidad. No había pesebres en donde un Dios fuese a encarnar en forma humana o en cualquier otra, ni gordos Santa Claus con sus vociferantes: Jo! Jo! Jo! que vinieran en sus trineos tirados por renos para traernos regalos pagados por nuestros padres y repartiendo gaseosas de cola, ni ángeles que cantaran a coro las ofertas de productos que incluyan un bono con el cual previo sorteo ante un santísimo escribano podamos ganarnos un lote bien ubicado en pleno paraíso una vez que hallamos muerto y tras legarle nuestros bienes a la iglesia, claro. No, no había nada de eso pero igual sí que había fiesta. Celebrábamos que el Sol no se hubiese muerto y que una vez más renacía. Celebrábamos el triunfo de la Luz y su calor dador de vida, por sobre la oscuridad y su frío de muerte. Era la fiesta del Solsticio de Invierno, y su promesa de que una vida mejor sería posible. Allí era cuando el nuevo año comenzaba. Eran otros tiempos, claro. Tiempos en que para todos era obvio que la naturaleza seguía sus propios designios sin importar lo que nosotros opináramos al respecto, y lo reverenciábamos. Ahora ella sigue actuando igual, pero nosotros no. Reverenciamos en cambio a un símbolo de su poder en una figura humana (antropomorfismo egoísta si los hubiera) y desechamos el resto a fin de poder expoliarla de sus riquezas y acapararlas en las pocas y selectas manos. Alguno dirá que el solsticio se produce el día 21 y no el 24 que es cuando se celebra la fiesta, pero es que aquí es cuando sucede lo que durante siglos constituyó un gran misterio hasta que comprendimos la mecánica celeste un poco mejor. Desde la más remota antigüedad los seres humanos adoraron a los Astros Celestes creyéndolos deidades porque escapaban a su control. De ellos el más importante era el Sol, pues es él, quién lo duda, el gran posibilitador de la vida en la Tierra. Cualquiera puede seguir el recorrido del Sol y ver que, a medida que avanza el año hacia el invierno cada día se pone un poco más al Sur (o el Norte, dependiendo en qué hemisferio se encuentre uno observando) y el período de duración del día se va acortando y ampliándose la noche hasta que llega el solsticio. Allí se detiene. Se detiene durante tres días poniéndose siempre en el mismo lugar como si hubiese muerto su andar, hasta que comienza a moverse en sentido contrario rumbo al próximo solsticio de verano en que sucederá lo mismo pero a la inversa. Es así que “luego de tres días, resucitará de entre los muertos” y la duración del día se alargará mostrándonos el triunfo de la Luz por sobre la Oscuridad. Quienes primero aprendieron ésto decidieron ocultar su conocimiento porque ello les daba poder sobre los demás, ya que podían anticipar el cómo se comportaría el dios anunciando el “milagro”. Nació así la primer estructura religiosa y su afán egoísta de acumular más y más poder en su exclusivo beneficio, pero con el tiempo quedó claro el que había que inventar otra cosa porque, quieran que no, alguna otra gente pensante también comenzaba a darse cuenta. Fue así que se inventaron a todos los llamados “único” hijo de Dios en todas las religiones del mundo, y el como la fiesta aún sigue, pero en celebración de su “divino” renacimiento. ¿Y la Naturaleza? Bien gracias, un poco afiebrada por el calentamiento global, pero si logramos que suficientes gordos se atasquen en suficientes chimeneas sin dudas ésta mejorará bastante.

culto solarJesús, Krishna, Viracocha, Mithra, Zoroastro, etc., todos están cortados por la misma arquetípica tijera. Todos nacen de una madre siempre Virgen, la que vista de cerca siempre resulta ser la Madre Tierra; todos tienen doce discípulos o hermanos, en los que cualquiera, aún el más torpe, hoy puede ver la imagen del Zodíaco celeste; todos son “la Luz del mundo”, “Enviado desde lo alto”, “Hijo único de Dios”, etc., etc., etc., pues cada uno de ellos es una figura mítica y arquetípica, un símbolo Solar; y todos recrean, a partir de su advenimiento en las diferentes culturas, ese primigenio culto del gran astro celeste, y sus cualidades y movimientos en el infinito espacio de los cielos en el relato del discurrir de su vida y hechos. Son un arquetipo, y como tal resuena en el lenguaje preverbal de todos los pueblos de la Tierra y es la razón por la cual tiene la capacidad de conmovernos psíquicamente tan profundamente y que nos lleva a validarlos como ciertos cualquiera fuese su circunstancial nombre. Sí, sí, desde aquí oigo el clamar de airadas voces que defienden a ultranza la comprobadísima existencia histórica de cada uno de ellos, pero ninguno puede esgrimir un documento que lo pruebe más allá de los escritos por ellos mismos en sus muy sagrados textos. Cualquiera que profese la Religión de Mickey Mouse podría presentar dentro de mil años infinita mayor cantidad de documentos “verdaderos” de las que muestra cualquiera de ellos, y que prueben de modo “fehaciente e imparcialmente” su existencia encarnada aunque ésta sea absurda amén de irreal, aunque si se lo encuadra dentro del mismo esquema arquetípico que los anteriores y movilizamos el aparato colonial imperial y los Estudios Disney como hasta ahora, sin lugar a dudas será ella una religión mayoritaria a nivel mundial constituyendo un factor de poder indiscutible. Pero centrémonos en la religión cristiana, que aún sobrevive y domina en occidente, y la “justificación objetiva” que esgrime de la emblemática figura que representa y que sustenta los fenomenales beneficios económicos de su sumiso mercado en el capitalismo mundial, y dejaremos para otra oportunidad el enorme cúmulo de groseras chapuzas y paupérrimas imitaciones de modos paganos que plagan sus rituales y prácticas históricas y cotidianas. ¿Por qué entrecomillamos “justificación objetiva”? Pues porque son la documentación que se esgrime de fuentes no-cristianas. ¿Por qué entrecomillamos “verdaderos”, antes? Pues porque el principal documento esgrimido fue probado de modo indubitable como groseramente falsificado hace ya más de cuatrocientos años. ¿Por qué entrecomillamos también “fehaciente e imparcialmente”? Pues porque el resto de la documentación presentada no hace referencia directa a la figura en cuestión sino que puede, como de hecho lo es, retorcerse de manera que pueda ajustarse a cualquier personaje que se nos ocurra. Huelga decir que la suma de todos estos documentos abarcan menos líneas que las de un telegrama de condolencias que pudiéramos enviarle a un desconocido por la muerte de un canario.

Veamos primero el principal “documento”, denominado Testimonio Flaviano, cuyo autor es Flavio Josefo y que consta en Antigüedades Judías, obra de su autoría escrita hacia el 66 d.C:

1) “Por aquel tiempo existió un hombre sabio, llamado Jesús, [si es lícito llamarlo hombre], porque realizó grandes milagros y fue maestro de aquellos hombres que aceptan con placer la verdad. Atrajo a muchos judíos y a muchos gentiles. [Era el Cristo.] Delatado por los principales de los judíos, Pilatos lo condenó a la crucifixión. Aquellos que antes lo habían amado no dejaron de hacerlo, [porque se les apareció al tercer día resucitado; los profetas habían anunciado éste y mil otros hechos maravillosos acerca de él.] Desde entonces hasta la actualidad existe la agrupación de los cristianos.” (Antigüedades judías,18:3:3)
2) “Ananías era un saduceo sin alma. Convocó astutamente al Sanedrín en el momento propicio. El procurador Festo había fallecido. El sucesor, Albino, todavía no había tomado posesión. Hizo que el sanedrín juzgase a Santiago, hermano de Jesús, [llamado Cristo] y a algunos otros. Los acusó de haber transgredido la ley y los entregó para que fueran apedreados.” (Antigüedades judías, 20:9:1.)

josefoCabe señalarse que esta obra consta de 18 volúmenes y que los anteriores párrafos son las únicas referencias al tema que existen en toda ella, o en cualquiera otra de las tres más que escribiera en su vida. (La Guerra de los Judíos; Contra Apión y Autobiografía) y, de más está decir, que Jesús es un nombre judío tan común como lo es Carlos, Juan o Roberto para nosotros. Pero... ¿Por qué esta fuente es considerada como tan importante? Flavio Josefo nació alrededor del año 37 d.C, en el seno de una familia sacerdotal de Judea ligada a la monarquía de los asmoneos. Su nombre originario era Yosef bar Mattityahu o Yossef ben Matityahou, es decir, José hijo de Matías, aunque cuando el emperador Vespasiano hizo de él un ciudadano romano lo latinizó asociándolo a la familia del bienhechor que lo liberó tras hacerle prisionero, como Titus Flavius Iosephus. Era historiador, aunque poco reconocido, que vivió en época más cercana que cualquiera de los otros “testigos” de la existencia de Jesús que cita la iglesia (recuerden que el Evangelio más antiguo que se conoce, el de Juan, data de un siglo después de su supuesta muerte -130 d.C-). El texto que se encuentra entre corchetes en lo que citamos corresponde al agregado a la copia latina que hizo la iglesia en el medioevo a fin de mostrar alguna prueba, y que en el siglo XVI fue demostrado como fraudulento tras el hallazgo de copias de la misma obra escritas en Griego (lengua en la que escribió originalmente Josefo), Siríaco y Árabe en bibliotecas de Damasco, El Cairo y otras ciudades del medio oriente. La respuesta de la iglesia fue que no podía darse crédito a textos que se hallaran en manos de los infieles. Los obtusos teólogos cristianos aún hoy siguen citando a la copia latina en poder del Vaticano como la única verdadera y principal prueba “irrefutable” de su existencia histórica.

Los otros “documentos” presentados son los tres que siguen, y fueron originalmente escritos en Latín Arcaico el que pasamos al llamado Moderno para quien quiera leerlos así, salvo una palabra de particular interés. La traducción al español es lo que cita la iglesia cristiana como cierto y el texto entre corchetes fue agregado a la traducción supuestamente literal que ella hizo:

Plinio el Joven, entre los años 100 y 112 escribió una carta al emperador Trajano preguntándole acerca de cómo debía conducirse hacia los cristianos, y las medidas que como gobernador tomó contra ellos (Plin. J., Epist. X, XCVI, C. Plinius Traiano Imperatori), especialmente parágrafos. 5, 6 y 7:
5 praeterea male dicerent Chrestos... 6 quoque omnes et imaginem tuam deorumque simulacra venerati sunt et Chrestos male dixerunt... 7 quod essent soliti stato die ante lucem convenire, carmenque Chrestos quasi deo dicere...
5...Y que además maldijeran a Cristo... 6 Éstos todos veneraron tu imagen y las efigies de los dioses, y maldijeron a Cristo... 7 [dijeron] que acostumbran reunirse al amanecer y cantar un himno a Cristo, casi como a un dios.

El historiador Tácito aporta en sus Anales hacia el año 116 o 117 d.C lo siguiente:
Ergo abolendo rumori Nero subdidit reos et quaesitissimis poenis adfecit, quos per flagitia invisos vulgus Chrestianos appellabat. Auctor nominis eius Chrestos Tibero imperitante per procuratorem Pontium Pilatum supplicio adfectus erat; repressaque in praesens exitiabilis superstitio rursum erumpebat, non modo per Iudaeam, oríginem eius mali, sed per urbem etiam, quo cuncta mundique atrocia aut pudenda confluunt celebranturque.
“Por lo tanto aboliendo los rumores Nerón subyugó a los reos y los sometió a penas e investigaciones, por sus ofensas el pueblo que los odiaba los llamaba “cristianos”. Nombre que se toma[n] de un [tal] Cristo que en época de Tiberio fue ajusticiado por Poncio Pilato; reprimida por el momento la fatal superstición irrumpió de nuevo, no sólo en Judea, de donde proviene el mal, sino también en la metrópoli [Roma], donde todas las atrocidades y vergüenzas del mundo confluyen y se celebran”. (Anales, 15:44:2-3)

Gayo Suetonio Tranquilo (75-160), escribió alrededor del 120 que el emperador Claudio expulsó de Roma a judíos instigados por un 'Chrestos':
Iudaeos, impulsore Chrestos, assidue tumultuantis Roma expulit.
A los judíos, instigados por Cristo, los expulsó de Roma por sus continuas revueltas. (Vit. Caes., Claud., 25.)

spartacusEsta última cita es la más extraña de todas en los alegatos del cristianismo, ya que incluso la misma Iglesia niega que Jesús estuviera alguna vez en Roma, pero en fin... lo importante según ella es que allí, al menos, aparece citado como alguien que en verdad existió. Pero como dijimos antes, lo importante no es eso sino una palabra en Latín Arcaico, Chrestos, y que literalmente en esa época significaba: “Manso” o “Simple”, y que así era como se llamaba peyorativamente a los esclavos. Con lo que solo puede decirse que parece que había un esclavo judío que daba algunos problemas, pero no mucho más. Quizá fuera un líder de una sociedad secreta de esclavos que tenía tendencia antiimperialistas o revolucionarias, como el famoso Espartaco (inmortalizado por la literatura y el cine de Hollywood), pero bastante menos conocido que él claro, ya que, salvo Josefo, nadie lo refiere por su nombre, el que como ya dijimos, es bastante común entre los judíos. Pero qué decían la otra gran cantidad de historiadores contemporáneos como entre otros eran Séneca, Petronio, Plutarco o Epicteto... pues absolutamente nada. Es de esperarse que un tipo que anda por ahí caminando por el agua, transformando el agua en vino y resucitando a los muertos (¡incluso a él mismo!), devolviendo la vista a los ciegos, etc., etc., etc., hubiese levantado un revuelo mayúsculo en cualquier parte, aún destacaría entre todos los alucinados que se auto proclamaban como “Profetas” en esas épocas, a alguno le hubiera llamado la atención y la noticia correría como reguero de pólvora. Muy difícil es que escapara a la aguda mirada de cualquiera de aquellos historiadores o de algún otro cronista de la época. Pues nada, ninguno dice nada... Pero a nadie, salvo a esos intelectuales del Siglo XVI que fueron excomulgados y amenazados por el Santo Oficio, le importó a lo largo de estos casi dos milenios el que fuera efectivamente cierta su existencia ¿Por qué? Pues porque la Iglesia Cristiana aún hoy constituye un fenomenal negocio para las estructuras imperiales de poder.

YggdrasillPero sigamos con el invento navideño y sus símbolos, más allá de los astrológicos que en algún otro momento quizá retomemos, que la rodean. Bien sabido es que cuando se marcha a la conquista de un territorio se toman los ritos, costumbres y simbolismos locales y se los adapta a los que deben ser impuestos a fin de lograr la aceptación y conseguir la ansiada hegemonía. Como el culto a la Virgen María que la Iglesia Cristiana debió adoptar masivamente hacia el siglo V ya que el pueblo seguía celebrando y adorando a Cibeles (la Madre Tierra), pues en su versión original Cristo no tenía otra madre ni otro padre que no fuese Dios, por ejemplo. Tal es el caso del, tan conocido por nosotros, Árbol de Navidad. Cuando la expansión del catolicismo, y del Imperio Romano, hacia los países nórdicos, las gentes de estas tierras celebraban la fiesta del solsticio en torno a un árbol de follaje perenne (siempre verde) que adquiría su carácter sagrado por ser representación del mítico Yggdrasil, árbol que era eje del mundo; supuestamente sus ramas sostenían los cielos de donde provenía el fruto de sus dones divinos mientras que sus raíces se hundían en los infiernos del cual se nutría, y en él pereció colgado el padre de los dioses: Odín. Se lo adornaba con primor y bajo de él se depositaban las ofrendas, finalmente se lo incendiaba para que su fuego impregnara de nueva vida al Sol y lo hiciera renacer una vez más. El catolicismo tomó el rito y lo adaptó, a su pie se seguían depositando las ofrendas y su copa se adornó con candelas pero dejó de incendiárselo, Odín cambió de nombre por el de Jesús y en lugar de morir colgado de un árbol se lo hizo fenecer crucificado clavado en un madero. La figura de Papá Noel (el buen padre de la navidad), aunque hoy reniegue de ella, proviene de la misma iglesia. Viene de la costumbre de un Cardenal, esos que como investidura de su jerarquía eclesiástica portan gorro y capa rojas, que en Turquía obsequiaba con regalos y golosinas a los niños, como figuración encarnada de aquel Santo Niño, durante la navidad como una muestra de la bondad del culto. Un autodidacta agente de la propaganda clerical, digámoslo así. Ya en el Siglo XX una conocida fábrica imperial de gaseosas adaptó su flaca figura a la del gordo bueno que lo hizo tan popular. La figura de los tres Reyes Magos que vienen a adorar al nacido, en cambio, no es tan inocente como a primera vista pudiera creerse. Se trata de una pretensión de la iglesia, un Ultimátum para los enemigos, y una excusa para que esgriman sus evangelizadores. Cada uno de ellos representa cada una de las partes del mundo conocido en épocas cuando su figura fue introducida al culto, Europa (Gaspar), Medio Oriente (Melchor) y África (Baltasar). Su condición de Magos los identifica como “paganos”, y el ser Reyes simboliza a los poderes de esas tierras que deben acudir a someterse y pagar tributo a... sí, el Sacro Imperio Romano. Antes de esta época la famosa peregrinación de los Reyes no existía, y debió por ello ser incorporada tardíamente a las Sagradas Escrituras.

Che-CheAquí en el hemisferio sur también desde muy antiguo se celebra la “navidad” pero como comienzo de un nuevo año, solo que lo hacemos en Junio y no en Diciembre. Por ejemplo, aquí en Patagonia que es en donde vivo, el pueblo Mapuche celebra el Wineichupantu o Guineyshupantu (suena más o menos así, es una cultura ágrafa -sin escritura- con lo que da lo mismo cómo se lo escriba). Esta expresión significa “El Sol vuelve a pasito de Gallo”, habrán visto que el plumífero anda de a pequeños saltos, representando el movimiento del punto en que se pone el astro sobre el horizonte. También se celebra en torno al día 24 de Junio y se calcula el momento preciso no con el reinicio del movimiento cuando sucede sino antes, por la particular posición de la constelación de las Pléyades durante el amanecer del día en que esto sucederá. Cualquier astrónomo moderno se asombraría de la precisión que alcanzan estos supuestos primitivos por la mera observación a ojo desnudo del movimiento de los cielos. Si no tuviéramos nuestras mentes tan colonizadas religiosa, económica y culturalmente les prestaríamos más atención a estas cosas y dejaríamos de celebrar el triunfo de la luz para nuestros colonizadores y el de la oscuridad para nosotros, sus sumisos esclavos, mientras seguimos ofrendando nuestras riquezas para el mantenimiento de la Cultura Imperial. En tren de fantasear, podríamos incluso fundar nuestra propia nueva religión a imagen de la impuesta por el Imperio. Tomaríamos la figura de un antiimperialista revolucionario de amplio consenso popular como fue el “Che” Guevara, y en lugar de que naciera un 14 de Mayo diríamos que nació un 24 de Junio proclamando un nuevo año “0” como el comienzo de una Nueva Era, la de Acuario ya que estamos; Declararíamos a Rosario, en la provincia de Santa Fe, como auténtica Ciudad Sagrada y Santa Sede del Guevarismo; lo haríamos aparecer como hijo de Santa Evita, protectora de los descamisados (hábito de uso obligatorio en la clerecía), y de San Perón, patrono de los feriados; que predicó en la Patria Grande y fue asesinado por el Imperio mientras llevaba iluminación a los humildes de la Bolivia oprimida tras liberar a Cuba y predicar en el África, pero que resucitó y ascendió a los cielos (por ello su cuerpo nunca fue encontrado) pero que un día volverá y nos liberará a todos, aún a los Yankees y Marxistas, tal es su bondad. Como apóstoles podríamos nombrar a San Fidel (patrono de los habanos), San Camilo (el santo de la metralleta), San Hugo (el santo Bolivariano), San Evo (patrono de los cocaleros), San Diego (santo de la pelota inmaculada) y algunos otros más sujetos a un riguroso concurso de méritos. Si canonizamos a San Lionel de Barcelona, por ejemplo, quizá hasta nos apoderemos de la Catedral de la Sagrada Familia realizada por Gaudí como primer paso para expandirnos por el viejo mundo, digo. Lograríamos así el apoyo inmediato de millones de todo el globo, acumularíamos inmenso poder político y fortunas con el merchandising. Pero lo más importante no sería en todo caso el apropiarnos nuevamente del poder celebrar el verdadero triunfo de la Luz cuando corresponde a nuestra verdadera cultura, sino de poder demostrar de un modo fehaciente, y de manera absolutamente indubitable, el mayor anhelo de todos nosotros: Que Dios sí es Argentino.

1 Comentarios

Edgar José Rodríguez Núñez (6.Ene.2012 @ 11:01 gmt) dijo,
Detrás de todas las religiones, por épocas, lugares , culturas y civilizaciones existe un hilo condutor. Al cual casi todas ellas se apartaron.

Pero eso no implica anular la facultad o potencial místico en el ser humano, luego de un arduo trabajo intelectual, material y espiritual percibe cosas más allá de las explicaciones seudo-científicas compradas hacia los grandes intereses de las trasnacionales.

Es decir, hay que investigar más y más profundamente. Pues la Verdad no está en un sólo lado.