Artículos

Astrología de la Crueldad (4): ¿Te asusta la oscuridad?

Autor:

Cuando alguien asiste a una consulta astrológica es porque tiene la intención de averiguar algo. Una minoría lo hace a fin de que un otro lo ayude a echar luz sobre aquello que no puede ver de sí mismo pero, mayoritariamente, y por desconocimiento sobre la materia esencial de lo que la astrología nos muestra, acude para saber qué le sucederá en el futuro. Ambos buscan un tipo particular de iluminación, unos para poder ver dentro de su propia oscuridad y otros, para descorrer las tinieblas que le ocultan el esquivo devenir; y en la misma proporción existen también profesionales para cada uno de ellos. Hay una minoría que está capacitada para ayudar al consultante en la exploración y elaboración de sus capacidades inconscientes y ocultas, y una gran mayoría que solo lo está para ayudarlo a firmar un perpetuo pacto con el Diablo, pues la oscuridad llega a todas partes, y no podemos encender una luz sin proyectar una sombra.
Alejandro Fau | Astrología de la Crueldad (4): ¿Te asusta la oscuridad?

Es apabullante la cantidad de maldad que existe en el mundo,

pero conociendo al ser humano como lo conozco

me asombra el que ésta no sea aún mayor.”

Woody Allen.


El ser humano medio cree que su realidad psíquica se circunscribe a lo que cree y piensa conscientemente de sí mismo, y esto, no solo es una pequeña parte de lo que quizá la constituye, sino que generalmente siquiera es verdad. Esta creencia está dictaminada solo por su ser consciente, la más de las veces un estrato inferior del Sol astrológico, que psicológicamente denominamos simplemente como el ego, el pequeño yo. Este ego es quien construye el personaje que la persona cree ser con las partes de sí mismo que más le agradan, y con aquellas que le dijeron sus padres, maestros y amigos que eran las correctas. El resto de sus partes, las desagradables, las “políticamente incorrectas”, las mal vistas, son reprimidas u ocultadas de todas las miradas, incluso de la propia, en un sitio muy oscuro y alejado de la conciencia. El cuento del Hombre de la Bolsa (El viejo del saco,
The bogyman, Baba Yaga, etc.) es bien conocido por todos los niños que ya han ingresado en la edad madura de todo el mundo; y se trata de un personaje que provisto de un saco donde llevarlos, ronda por las noches buscando llevarse consigo a los niños que se han portado mal o faltado a los preceptos impuestos por sus padres o maestros, castigándolos cruelmente por las travesuras cometidas apartándolos para siempre de sus afectos, sus seres queridos, para finalmente devorarlos. Ya no asusta a nadie en realidad, pues la mayoría lo ha asumido como un simple cuento de viejas para reprender a los infantes. Pero aquí lamento mucho decepcionarlos, pues este siniestro personaje verdaderamente existe y nos acecha de continuo. Se oculta detrás de cada cosa que nos sucede y detrás de cada espejo, ya que tanto hombres como mujeres sin distinción, cada uno de nosotros es la viva encarnación del Hombre de la Bolsa. Desde muy pequeños vamos metiendo en este saco, que luego cargamos durante toda la vida, nuestras partes reprimidas y oscuras acrecentando su contenido y procuramos cerrarlo firmemente para garantizarnos que ninguna de ellas se nos escape, mas esto es solo una vana ilusión. No solo escapan cuando menos lo esperamos, sino que la más de las veces, salvo nosotros mismos, cualquier otro puede verlas.

Magritte-02En la matriz de aquello que denominamos astrológicamente como Carta Natal, podemos ver la totalidad de la estructura energética del individuo. Tanto las partes que este reconoce como propias como aquellas que desconoce o niega de sí mismo. Por medio del contacto directo con el consultante el profesional puede identificar claramente a todas ellas y discriminar tanto las que el individuo ve y reconoce como propias, como aquellas que permanecen ocultas en la sombra. A través de la interacción con él, el profesional tiene aún la capacidad de discriminar entre aquellas que están en la sombra separándolas en las que la persona conoce pero rechaza por considerarlas negativas, y aquellas que la persona desconoce completamente. Ambas están y configuran el aspecto oscuro que constituye y completa a dicho Ser como una totalidad indivisible. Con esta información el profesional puede ayudar a ese consultante a descubrir lo que allí hay, o cegarlo a ella aún más para conseguir una ilusión de poder para sí mismo. Lamentablemente la mayoría de los profesionales del área eligen éste último camino ya sea por desconocimiento o con el afán de lucrar mejor con ello. Pero debemos detenernos aquí con el fin de aclarar algunas cosas sobre esta oscuridad de la que hablamos. La oscuridad a la que nos referimos es solo eso: Oscuridad, lo no visible para la consciencia, y en modo alguno tiene que ver con un juicio de valor. Generalmente tendemos a asociar los términos Negro, Oscuro, Oscuridad con una carga negativa inherente y debemos despojarnos de dicho concepto si queremos comprender realmente lo que aquí pasa. Pues allí, en la oscuridad de la psique, yacen ocultos innumerables tesoros.

jekill&hydeDe esta oscura materia está constituido lo que las personas llaman su destino. La imposibilidad de la existencia de unas partes separadas de las otras, hacen que todo aquello que no podemos ver conscientemente se manifieste a nuestro alrededor como escena. Situaciones, personas, vínculos y otras dinámicas propias, son resueltas por la matriz energética de éste modo a fin de que el individuo pueda manifestarse en su totalidad y pueda ser realmente en el mundo. Contrariamente a lo que uno pueda imaginar esta parte oscura no solo es una imagen que vemos, sino que como nosotros, en nuestra vivencia consciente, ella también está viva. Siente y respira lo queramos o no, y la más de las veces, desarrolla su propia conciencia e intenta alcanzar sus propios objetivos desarrollándose en el mundo. Esta paradoja fue representada en los sistemas simbólicos de la antigüedad, en las figuras oscuras que acompañan al héroe o la heroína en el desarrollo de los relatos míticos. Eva y Lilith, Psique y Orual, Innana y Ereshkigal entre las mujeres, y Caín y Abel, Jesús y Lucifer, Otelo y Yago, Próspero y Calibán entre los varones, son solo un ejemplo de esto que digo. Las cosas se definen por su contrario. Esta división histórica en dos personajes separados no ha hecho más que confundir al lector moderno sobre la relación intrínseca que existe ahí, creyendo que se corresponden a seres separados e independientes entre sí. Modernamente se ha resuelto, en lo narrativo al menos, en la esclarecedora novela de Stevenson El extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde, en donde estas partes complementarias conviven en, y son, una misma persona. Por medio de una poción, el Doctor Jekyll, apuesto médico, gentil, refinado y sensible, se transforma en el Señor Hyde, ser abyecto, contrahecho, lascivo, mezquino y desagradable asesino, por medio de quién puede dar rienda suelta el Ser a su lado oscuro y sus siniestros aspectos reprimidos. Así pues, dentro de cada uno de nosotros conviven nuestros propios Dr. o Dra. Jekyll y Sr. o Sra. Hyde.

borrachoNuestra oscuridad se manifiesta de distintas formas. Por un lado nos genera situaciones externas para llamarnos la atención a fin de que podamos reconocerla de manera consciente integrándola. Tiene formas favoritas de hacer esto, y podemos reconocerla en aquellos hechos repetitivos que se suceden a lo largo de nuestra vida y que recurrentemente nos frustran: “¿¡Otra vez esto!?”, “¡Todos los jefes son iguales!”, “¡Todos los hombres (o las mujeres) son idiotas! ¿¡Acaso no existe el amor!?”, “¡Siempre estás regañándome!”, etc., etc... Por otro lado nuestra sombra se expresa a través de nosotros mismos en diferentes situaciones en que nuestra conciencia está anulada o enturbiada por alguna razón, una persona alcoholizada es un ejemplo no siempre gracioso de esto. Así pues, vemos en lo más avanzado de la fiesta a la recatada y espiritual ortodoxa tía Susana bailar desenfrenadamente sobre una mesa amenazando un striptease total, al serio y formal profesor decir groserías y tratando de seducir a la esposa del director murmurándole obscenidades en voz alta al oído mientras un hilo de baba cuelga de la comisura de sus labios, al sumiso marido gritándole a su mujer que su madre es una bruja al igual que ella, etc., etc... También podemos observar algunos ejemplos sin mediar sustancia entorpeciente alguna, el más claro es cuando estamos concentrados en algo y alguien nos pregunta algo y respondemos sin pensar. Podemos registrar en la expresión de sorpresa o estupor del otro que hemos revelado algo imprevisto y conscientemente no deseado. Las excusas esgrimidas en cualquier caso son igual de reveladoras: “¡No era yo mismo!”, “¡Dios mío, no puedo recordar nada!”, “¡Debo de haber sido poseída por un ente maligno!”, y una larga lista de etcéteras por todos conocidas ya sea por haberlas oído o haberlas expresado. Ante estos ejemplos nuestra sombra se frota las manos complacida, sonríe cínicamente y planea su próxima jugada...

Magritte-01¿Pero cómo es que construimos o damos existencia a semejante monstruo? Muy simple, como ya dijimos antes, todos, hombres y mujeres, somos el Hombre de la bolsa. Desde pequeños somos reprimidos en nuestro modo de ser por nuestros padres, madres, maestros e instituciones sociales con el fin de que seamos algo que no somos. “¡Quita tus manos de ahí!”, “¡Los hombres no lloran!”, “¡Las niñas buenas no dicen esas groserías!”, “¡Los buenos cristianos no tienen pensamientos sucios!”, “Si quieres progresar en este empleo, haz lo que se te dice.”, “¡Eres anormal!”. “¡Deja de hacer tonterías y ponte a hacer algo útil!”. Así vamos reprimiendo nuestros impulsos, aptitudes, emociones e ideas, las que vamos echando una a una dentro del saco engrosando su contenido. Construimos a lo largo del tiempo no solo un monstruo encerrado en el sótano de nuestra psique, sino una falsa imagen de nosotros mismos. Pero no solo de elementos negativos está constituida nuestra sombra, también de virtudes e innumerables bondades. Podemos verlas reflejadas en nuestro entorno y, especialmente, en aquellos a quien más admiramos. “¡Qué bueno si pudiese ser tan valiente y decidido como X!”, “Nunca podré ser como Z a quien todos pretenden, yo no soy ni inteligente ni bonita”, “Ya quisiera yo tener tu sentido ético y espiritual frente a la vida, pero debo mantener una familia”, “Quisiera ser exitoso y afortunado como G, pero solo soy un pobre mecánico.”, “Todos la aman, en cambio yo soy tan aburrida...”, y así hasta el hartazgo. Cada cosa que admiramos u odiamos en los otros nos está señalando algo que no podemos ver en nosotros pese a poseerlo. No quiero decir que el otro no sea en absoluto admirable u odioso, no podemos colgar una prenda sin una percha adecuada para ella, sino que no podemos reconocer que nosotros seamos igualmente así... tan amorosos y detestables.

enojadísimoEs un trabajo nada fácil el poder lograr la integración de nuestros aspectos desconocidos, y es una tarea que difícilmente podamos hacer sin ayuda de alguien capacitado para tal fin, pero realmente vale la pena. Transformarnos en seres completos y equilibradamente integrados son el primer requisito para hacer nuestras vidas felices pese a las dificultades que debamos sortear en el proceso de conseguirlo. El primer escollo con el que nos enfrentamos es la fijación en la connotación negativa que damos a algunos de estos aspectos. Al no haberlos podido desarrollar conscientemente, estos han permanecido en un estado primitivo e inadecuados para nuestro presente, se han fijado tanto en nuestra psique de esa forma que cuando los hacemos emerger nos atemorizan y creemos imposible el poder corregirlos alguna vez. Pero pensemos en esto. Si fuésemos encerrados en un sótano durante décadas, forzados a alimentarnos de ratas y otras alimañas, sin tener contacto con otros iguales, escapando furtivamente durante breves períodos y siendo apaleados brutalmente antes de volver a ser encerrados, desconociendo el marco de circunstancias que hacen al mundo y sus dinámicas, pues, no tendremos ni un aspecto agradable ni un humor apacible cuando finalmente nos liberen. Solo después de un tiempo de adaptación, reconocimiento, comprensión y amor, podremos sentarnos a una mesa y departir educada y galantemente, sonreír con franqueza y descubrir que somos geniales pintores, brillantes matemáticos, almas sensibles dispuestas a ayudar u otras lindezas por el estilo. Mientras tanto, desarrollaremos las nada despreciables cualidades del perdón, la paciencia y la aceptación de lo diferente durante el proceso. Claro está que nadie nos obliga a hacer esto, tenemos total autodeterminación y libre albedrío para tratarnos a nosotros mismos, y el derecho a elegir seguir siendo un alma mutilada que vaga a ciegas por el mundo si así lo queremos. Se llama masoquismo, y la psicología lo considera una patología.

despliegueLa energía presente en nuestra estructura como seres completos, como toda en el universo, sigue siempre la línea de menor resistencia para manifestarse en el mundo. Al universo le da lo mismo manifestarse en un rayo, un perro, un huracán o un árbol mientras pueda manifestar su cualidad intrínseca en la materia. Así también, cuando nos presentamos nosotros ante el mundo, al nacer, la energía que manifestamos proveniente de nuestra propia matriz se plasma en el ejemplo que le resulta más fácil y económico dado el entorno material, emocional, espiritual y psíquico que nos rodea, y lo seguirá haciendo a partir de allí sin cesar hasta nuestra propia muerte; para decirlo claramente, somos nosotros quienes subconsciente o inconscientemente elegimos el ejemplo para que ésta se nos muestre, y nuestros juicios y prejuicios propiamente adquiridos o heredados inciden no poco en esta elección que hacemos, lo mismo que aquello que llamamos la ética y la moral, nuestras creencias y pareceres modelan el ejemplo que vemos porque son las lentes a través de las cuales mira nuestro pequeño yo, el ego, filtrando el mundo. La física moderna puede referirse a esto acertadamente como los campos electromagnéticos que manan del individuo configurando el mundo que lo rodea, pero la astrología los define como los campos psicoemocionales del Ser modelando su propio Destino. Pues, como materia humanista que es la Astrología y en palabras del mismo C. G. Jung, Destino es todo aquello que ignoramos de nosotros mismos.

ManosAsí pues llegamos a un punto crucial de nuestra exposición, y es el papel del astrólogo como individuo en el marco de la consulta. Como individuo que es, también posee su propia sombra y particular destino. Afirmación que podemos extender a cualquier terapeuta, facilitador, profesional, especialista, maestro o guía que se de, o que merezca, el nombre de tal en cualquier parte o cualquiera que fuere el área en la que opere; ya que negar la propia condición humana es solo un claro signo de una enajenación psíquica profunda. Desde el punto de vista clínico, el astrólogo sabe que su consultante constituye una parte importante de su propia sombra. Desde la interacción al mismo tiempo que ayuda a echar luz sobre los aspectos en sombra de otro individuo, también ilumina así su propia oscuridad y trabaja sobre ella. El vínculo que se establece en la consulta es siempre bidireccional, y si el profesional no toma en cuenta este aspecto difícilmente pueda llevar a cabo una tarea efectivamente enriquecedora y útil para cualquiera de los participantes en tanto seres integrales que son. Claro está que este proceso sanador no sucede en la mayoría de las entrevistas que se registran diariamente en todo el mundo, sino no veríamos expandirse los niveles de descrédito que sufre la astrología en la actualidad, aunque sí lo suficiente como para ir revirtiendo la tendencia paulatinamente hacia el futuro.

siniestroLo cierto es que cada vez son más y más las personas que prestan una grave atención cuando sale el tema de la astrología en cualquier contexto y, salvo que la charla derive hacia lo fantasioso delirante de modo grosero, buscan informarse seriamente y escuchan con el debido respeto sobre aquello que desconocen. Aunque a nivel popular, la cosa cambia mucho. Los niveles de desinformación alentados por los grandes grupos mediáticos y sus sicarios, arrojan a las masas en las siempre ávidas fauces de los astrólogos predictivos. Estos no hacen más que atisbar la oscuridad de sus consultantes intentando adivinar los movimientos más groseros que ésta hará con el fin de ser tenida en cuenta y enunciarlos como si se tratara de una inapelable y divina revelación, garantizándose de ese modo la recurrencia en la consulta de aquel que de seguro volverá para saber aún más sobre lo que le pasará, y que le arrimará nuevas e incautas víctimas. Acrecientan así su propia oscuridad y la de quienes los consultan con efectos perniciosos posibilitando su fortalecimiento ante la continua nutrición malsana que realizan, el que esta entidad encerrada en su bolsa finalmente escape definitivamente y termine devorándolos psíquica y emocionalmente. Pero, como ya dijimos, todos somos libres de elegir. Somos lo suficientemente adultos para saber lo que queremos y lo que no, podemos buscar a alguien que nos ayude a sacar y pulir aquello que yace empolvado y olvidado en lo profundo del sótano de nuestra consciencia, o acudir a alguien que al tiempo que vacía nuestros bolsillos y nos vaticina glorias, susurre entre las tinieblas nuevas ideas al oído de nuestro siniestro y desconocido Mr. Hyde.